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Villa Romana de Río Verde

Enclave

Enclave Villa Romana
La villa romana de Río Verde se encuentra situada en la Comunidad andaluza, en la costa de Málaga, dentro del término municipal de Marbella y a unos 5 kilómetros de la localidad en dirección a Puerto Banús.

Concretamente el yacimiento se localiza en la margen izquierda del río Verde, de donde toma su nombre.

Descubrimiento de la Villa

Descubridores
En agosto de 1960 Carlos Posac Mon y Fernando Alcalá Marín iniciaron varias prospecciones arqueológicas en los terrenos situados en la margen izquierda del río Verde de Marbella, próximos a la desembocadura recuperando numerosos fragmentos de cerámica romana, así como una moneda de bronce cartaginesa.

Un año más tarde se reanudaron los trabajos arqueológicos y curiosamente el mismo día que finalizaban, de manera fortuita, en la zanja que excavaba uno de los operarios del Servicio Municipal de Obras Públicas Juan Sánchez Villalta, apareció una parte del mosaico de lo que sería la Villa Romana de Río Verde.

Descripción general

Plano de la Villa
La villa romana de Río Verde está ubicada en un asentamiento de origen púnico. El desarrollo y esplendor de la misma fue fechado por sus descubridores, entre principios del siglo I y comienzos del II de nuestra era, aunque posteriormente otros investigadores han establecido su cronología en una época más tardía, mediados del siglo II y comienzos del III d. C.

Fue descubierta al inicio de la década de los 60 por el arqueólogo y catedrático de Griego Carlos Posac Mon y por Fernando Alcalá Marín abogado, cronista oficial de Marbella y por aquel entonces Delegado local de Excavaciones Arqueológicas.

El área excavada incluye un patio interior, enmarcado por unas doce columnas, que recibía el nombre de peristylum y tenía como finalidad dar luz a las salas interiores del edificio. Su parte central solía ajardinarse. En torno a él existen seis habitaciones, algunas de ellas decoradas con mosaicos.

Se trata de una villa rústica cuyos propietarios podemos deducir que gozaban de una buena posición económica. Aunque no ha podido ser explorada en su totalidad, ya que está rodeada por parcelas construidas con viviendas unifamiliares aisladas, el Ayuntamiento adquirió en su día la propiedad con una superficie de 698 metros cuadrados evitando su desaparición. Tras las excavaciones arqueológicas realizadas sólo ha podido sacarse a la luz una parte de la casa, dando lugar a una versión incompleta de la misma.

Posiblemente en sus inmediaciones se localizara la zona fructuaria de la misma, que debía estar estrechamente vinculada al mar, con la correspondiente factoría para la elaboración de salsas de pescado garum y también existiría una fábrica de púrpura ya que se han encontrado en abundancia restos de conchas de murex y que eran muy cotizadas para esa elaboración.

La importancia de la villa radica en un conjunto musivario de temática diversa y de una gran calidad que decora los pasillos en torno al peristilo y algunas habitaciones. Su estado de conservación es excelente y la mayoría de las teselas son de color blanco o negro salvo el mosaico que representa la cabeza de Medusa Gorgoneion que es policromado. Pero el más interesante de todos los mosaicos descubiertos en la villa de Marbella, tanto por los motivos en él representados como por la forma en la que se presentan, unos a continuación de otros, como si se tratara de un muestrario, en una larga franja es el llamado de tema culinario que ha sido calificado como unicum ya que representa numerosos utensilios de cocina de la época romana y diversos tipos de alimentos vegetales y animales. La manera como han sido representados sitúan al artista más cerca de los artistas contemporáneos que de los de su época.

También se encontraron múltiples objetos de la época: placas de mármol, vidrios, cerámicas, clavos, lucernas, agujas de coser redes, azulejos... y un total de 21 monedas, dos púnicas, diecisiete romanas y dos españolas.

Por causas que se desconocen a mediados del siglo II un gran incendio destruyó parcialmente la villa. Más tarde sus propietarios volvieron a reconstruir parte de las habitaciones dañadas y se colocaron nuevos pavimentos con piezas de mármol.

El maremoto del año 365 coincidiría con la decadencia de la población local y sus consecuencias catastróficas posiblemente acelerarían el proceso de desintegración y hundimiento de la cultura romana. En los inicios de la Edad Media tras las invasiones, la villa debió quedar abandonada definitivamente.

Hallazgos malacológicos

Hallazgos Malacológicos
Teniendo en cuenta la ubicación de la villa romana del Río Verde, en la cercanía del mar en una zona rica en pesca y los restos aparecidos durante las diferentes campañas de excavaciones, se comprende la gran importancia que desde el punto pesquero tuvo aquel enclave en un período comprendido aproximadamente entre a finales del siglo I y el siglo II después de Cristo. Entre estos restos encontrados podemos destacar las agujas de coser redes y los variados anzuelos de cobre, así como miles de conchas de moluscos y motivos gastronómicos relacionados con la pesca y otros temas marinos de los mosaicos.

La comparación entre lo aparecido en la villa romana de Río Verde y en otros asentamientos datados en la misma época en la Península Ibérica, facilitan la comprensión de las actividades pesqueras que se desarrollaban en el círculo del Estrecho.

Junto a los restos de moluscos aparecieron también vértebras de peces, aunque en un número muy escaso. Dentro de los moluscos hay que destacar los millares de individuos fragmentados de murícidos que nos hacen pensar que no tuvieron otro destino más importante que el de la producción de tinte púrpura, aunque también pudieron utilizarse para el consumo humano, en fresco o en conserva. Tras los murícidos, el grupo principal por número de individuos lo constituyen las ostras (Ostrea edulis) que, por centenares, aparecieron en el exterior del edificio.

El hecho de que las excavaciones se desarrollaran en una época en la que no se prestaba prácticamente atención a la malacofauna hace que se haya perdido información muy valiosa. Sin embargo hay que agradecer al doctor D. Carlos Posac Mon, la conservación de las conchas, la anotación de donde fueron encontradas y la recogida de algunos otros datos, cuando lo que estaba generalizado en aquella época era, en el mejor de los casos, contabilizar las especies encontradas (con frecuencia mal identificadas) y deshacerse de ellas.

Hay que resaltar, sin duda, la gran importancia de este yacimiento en relación a la actividad pesquera. Habiéndose excavado la zona correspondiente a la vivienda y un poco alrededor de ella, constituye el yacimiento romano en el que se ha encontrado el mayor número de taxones de moluscos de la Península Ibérica, además de las agujas de redes, anzuelos, vértebras de peces y motivos relacionados con la pesca representados en los mosaicos. Del gran número de especies encontradas puede obtenerse información muy valiosa acerca de los métodos de captura, la utilización industrial de determinados productos en la Bética, el cambio que se ha producido en los ecosistemas marinos desde hace 2.000 años y la posible influencia humana, etc.

Por otra parte los indicios que señalan la posibilidad de la existencia de cebos para la pesca de peces o de murícidos, tiene una gran importancia, debido a que no se ha podido verificar el uso de cebos en otros yacimientos, fundamentalmente bivalvos, en la captura de murícidos, cuyo uso está recogido claramente en los textos de los autores clásicos. Este tema requeriría mayor investigación.

Los restos faunísticos aparecidos indican que los moluscos tuvieron un doble uso, el destinado a la alimentación humana y el destinado al uso industrial. Desde el punto de vista económico y comercial, las actividades más importantes desarrolladas en la villa romana debieron ser la producción de garum y de tinte púrpura, por lo que la actividad pesquera tuvo que tener forzosamente una gran importancia, algo que se puede deducir fácilmente de los restos encontrados.

Por último habría que hacer hincapié en la necesidad de hacer nuevas excavaciones, en las zonas que rodean inmediatamente a la villa romana y que no lo hayan sido anteriormente, para encontrar sobre todo restos de murícidos y ostras que nos permitan confirmar las hipótesis y obtener más datos sobre su uso industrial y especialmente en lo relacionado a la producción de tinte púrpura y conservas destinadas a la exportación.

La vivienda en el mundo romano. Aspectos básicos

Vivienda Romana
La villa, la casa de campo de los romanos, era una granja en una finca de explotación agrícola, cultivada por arrendatarios y normalmente supervisada por un administrador (vilicus) y a la vez una casa para descansar del ajetreo de la ciudad.

Como granja dedicada a los trabajos propios del campo, tenía una serie de construcciones aptas para esta función. El conjunto de estas construcciones formaba la villa rustica. Como residencia del señor (villa urbana), podía estar ubicada en edificios separados y claramente diferenciados, pero a veces formaba parte de un mismo edificio, o incluso no existir como tal; es este caso, el señor se reservaba para su uso personal algunas habitaciones de la villa rustica.

El lugar ideal para construir una villa era aquél donde hubiera buen clima, tierra fértil y una vía cercana para disponer de un fácil acceso a la finca. A ser posible, la villa se situaba en la falda de una montaña, orientada hacia el sur y cerca de un río o de una fuente. Cuando estaban cerca de la costa, se valoraba también la proximidad de un puerto y se escogía un sitio desde donde se pudiera gozar de una buena vista.

El crecimiento económico y el aumento del régimen latifundista favorecen que la parte residencial de la villa se amplíe y se convierta en una magnífica domus, copia con variantes de la casa señorial romana en la ciudad, con todas sus comodidades y lujos.

La villa urbana estaba construida en torno a un patio (peristylium o patio amplio porticado; no suele existir el atrium de la domus) al que se accedía directamente desde el exterior. Además de los dormitorios y las habitaciones propias de la familia, solía haber bibliotecas, estancias para baños, salones y varios comedores. En el exterior, podía haber jardines y galerías bajo los que pasear resguardándose de la lluvia o del sol, fuentes, estanques, caminos…

La mayoría de estas construcciones son abandonadas a finales del siglo II d. C. y las que perduran son transformadas de forma radical. Las causas son, fundamentalmente, un reestructuramiento de la producción motivado por la concentración de tierras y la competencia con la producción africana.
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